El organismo psicológico: la relación de la salud y la psicología

“El coste de provocarse sentimientos de pánico, ira o autocompasión es enorme. En tiempo y dinero perdidos. En esfuerzo malgastado innecesariamente, En angustia mental fuera de lugar. En el sabotaje de la felicidad de los demás. En el estúpido desperdicio de placer potencial a lo largo de la única vida -sí, la única vida- que tendrá jamás”.

Albert descargaEllis

¿Te has preguntado qué relación existe entre lo que piensas y sientes con tu organismo? Si eres de esas personas que les gusta conocerse a sí mismo tal vez te interese este tema. A continuación te daré algunas reflexiones al respecto.

Resulta que frases como “cuerpo y mente sanos” o “hay que estar bien del cuerpo para estar bien del alma” tienen trasfondos mucho más interesantes de lo que parece. Si se analiza la primera, por ejemplo, se encontrará que existe en ella un supuesto; nos conformamos de un cuerpo y una mente, entidades que al relacionarse pacíficamente generan bienestar, es decir, te sentirás bien en tanto ambas partes se encuentren de la mejor manera. La cuestión iniciaría preguntándose dónde comienza la mente y termina el cuerpo, o por el contrario en qué momento se acciona la mente y que efecto tiene sobre el cuerpo.

Para comenzar a esbozar lo que quiero decir podemos realizar un ejercicio muy simple. Mira cualquiera de tus brazos, selecciona uno de los vellitos que ahí están, tómalo con tus dedos o unas pinzas y comienza a tirar de él lentamente hasta arrancarlo. A continuación detén cualquier cosa que estés haciendo y comienza a reflexionar sobre lo que acabas de hacer, pensar y sentir.

Hay de dos… o pensaste que yo era un maniático y no realizaste el ejercicio o, lo realizaste y te dolió mucho, cualquiera de las dos es una respuesta interesante. Ahora, lejos de haber sido una situación extraña, intenta identificar qué pasaba en tu mente y en tu cuerpo, ¿lograste percibir la diferencia de sensaciones en ambas partes?

La respuesta a la cuestión anterior probablemente es negativa y estará en lo cierto, pues tal distinción entre cuerpo y alma no existe. Utilizando el ejemplo anterior, se puede decir que, si no realizaste la acción fue por protección –o escepticismo-, es decir, tu cuerpo no siguió la instrucción por detectar una innecesaria amenaza. Probablemente pensaste primero en cuál era el objetivo antes de  hacerlo. Si fuiste muy valiente y realizaste el experimento, además de sentir dolor, seguro hiciste algún gesto, pero no fue todo, tuviste pensamientos que indicaban la existencia de algo displacentero, por ejemplo, “¡ay, duele!” o “¡uy, sóbate!”. A la conclusión que se puede llegar es que  la manera que piensas y actúas está determinada por la forma en que tu organismo siente y percibe el mundo  y al mismo tiempo, no puedes pensar ni actuar sin tu organismo.

Entonces, al menos en éste post, olvidaremos la idea de una relación entre un alma y un cuerpo y nos pensaremos como uno solo, como un organismo. Lo peculiar con los humanos es que jamás dejaremos de ser un organismo biológico, sin embargo tenemos la capacidad de actuar y pensar, situaciones que nos hacen únicos, nos permiten crear poemas, construir edificios o admirar la música. Somos un organismo psicológico.

Con el mismo fundamento, donde se concibe al humano como el conjunto de lo orgánico y lo psicológico, se estructura la Psicología de la Salud. El planteamiento es simple, lo que piensas y haces tiene mucho que ver con tu salud y la manera en que te enfermas. De esta forma se pueden analizar algunas situaciones de salud donde la existencia de una afección biológica depende de tu historia, los hábitos que has mantenido y lo que tú has hecho para que cierta enfermedad comience y persista.

Dar cuenta de hábitos, modos de pensar y otras acciones que nos dificultan estar sanos es un tema de importancia para todos. Espero este y los siguientes post sean de utilidad para quien los lea. El campo es diverso, pero si se desglosa poco a poco podremos hacer más clara la labor que tenemos todos con nosotros mismos de vernos y sentirnos bien.

Pilar, M. y Galán, S. (2010). El papel del estrés y el aprendizaje de las enfermedades crónicas: Hipertensión arterial y Diabetes. Revista Latinoamericana de Medicina Conductual. Vol. 1, 47-55.

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