Sobre disfunciones sexuales y cómo modificarlas PARTE II

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¿Es sucio el sexo? Sólo cuando se hace bien.”

Woody Allen

¡Hola, nuevamente! En el post anterior revisamos  únicamente ideologías y creencias que por su naturaleza nos dificultan tener relaciones sexuales placenteras. Aunque es una condición muy importante, no lo es todo al momento de buscar comprender y tratar las disfunciones sexuales. Si te interesa recordar un poco al respecto o no pudiste leer el artículo te dejo el link:

https://lineadepsicologia.wordpress.com/2015/07/31/sobre-disfunciones-sexuales-y-como-modificarlas/

Si bien, la manera en que una situación se percibe e interpreta influye en nuestro comportamiento, cambiarla no soluciona del todo el problema, no en este caso. Cuando se habla de disfunciones sexuales se debe tener en claro el papel de la pareja y la responsabilidad que se tiene sobre el otro. Es importante remarcar que, en el caso de una pareja, mutuamente afectan su comportamiento, de modo que lo que haga uno tendrá una repercusión –ya sea positiva o negativa- en el otro y al mismo tiempo, éste emitirá otra acción que de igual forma afectará. Es como un ciclo. Ese podría ser el inicio del cambio, comenzar a pensar en qué hacen tú y tu pareja que no está favoreciendo la situación. Por ello –y retomando el artículo anterior- es importante que se eliminen las exigencias y se tome una actitud neutra por parte de ambos. Además ten en cuenta que todo es gradual y los cambios se verán poco a poco.

La observación y auto-observación serán muy importantes. Y no se observará sólo el momento, por mucha atención en las condiciones que pueden afectar, por ejemplo, si constantemente tienes sueño, si te sientes con poca energía, si has comido bien y en qué horarios y el tiempo del que dispones para tener sexo. En estos casos lo viable sería comenzar a cambiar u organizar algunas cuestiones de tu estilo de vida que estén dificultando tener la disposición y el tiempo. Posteriormente hay que observar y auto-observar al momento de estar frente a la pareja, aquí se tendrán en cuenta varias cosas:

  1. La situación: Si hay factores en el contexto que no sean favorables o que distraigan como la televisión encendida, si hay otras personas cerca que puedan intervenir, si el espacio es cómodo, etc.
  2. El ritmo y proceso: Mantente identificando cómo es que se inicia el acto, si hay juegos eróticos o no y si verdaderamente favorecen, en qué zonas tú y tu pareja se centran más, si van muy rápido o muy lento y qué situaciones generan mayor excitación específicamente en cada uno.
  3. El modo: Me refiero a cómo lo haces o hacen. Si hay mucha o poca fuerza en la penetración, las posiciones que se usan, los movimientos que se realizan y las contracciones genitales que se tienen.
  4. Sensaciones: Es importante que conozcas específicamente qué sensaciones –tanto emocionales como genitales- tienes antes de que se manifieste la disfunción, busques qué movimientos o pensamientos las causan y en qué momento es más probable que sucedan.

Cuando hayas podido identificar cada uno de estos factores lo mejor será cambiarlos e intentar adaptarlo según tu caso. Los siguientes números dan guía a cómo puedes modificar tales condiciones. Son correspondientes a la numeración de acá arriba.

  • Cambiar la situación dependerá un poco de los recursos con los que cuentes, en ocasiones la presencia de personas en las demás habitaciones de la casa, por ejemplo, es inevitable, sin embargo, puedes ser creativo y buscar alternativas.
  • El cómo se inicia el acto sexual es importante pues ahí se puede pronosticar qué tal se pondrá después. La energía, rapidez o tranquilidad que se le pongan tienen mucho que ver, no favorece mucho ser brusco(a) con alguien que se pone nervioso(a) fácilmente y tampoco es muy funcional ser muy pasivo y lento si de antemano se sabe que hay propensión a perder la excitación. A la par, se pueden adaptar los juegos eróticos y las zonas a estimular según las necesidades de cada quién, si lo que necesitas es retardar la eyaculación puedes buscar un juego o zona erógena que te permitan estimular a tu pareja plenamente pero que a ti te favorezca mantener el control o, por el contrario, si te es difícil mantener la erección o lubricación vaginal puedes buscar nuevas formas que te estimulen.
  • Nuevamente dependerá de ti. Si lo que necesitas es mayor excitación busca posiciones y movimientos que favorezcan la lubricación y erección. Si lo que necesitas es contenerte un poco haz lo mismo, pero ahora favoreciendo el control. Recuerda que las contracciones genitales influyen mucho.
  • En el campo de las sensaciones hay mucho qué hacer. Si lo que hay son emociones displacenteras como los nervios lo mejor será que esperes un momento, se lo comuniques a tu pareja y cuando estés completamente tranquila(o) inicies nuevamente. Así hasta que la situación se te haga de lo más normal. En caso de que las sensaciones se encuentren en tu entrepierna busca la manera de cambiarlas, si hablamos de las sensaciones previas al orgasmo, puedes suspender la acción por un momento hasta que la sensación se extinga y puedas seguir, así las veces necesarias de modo que el tiempo en que tal situación se vuelva a presentar comience a incrementar. También puedes evitar los estímulos que te lleven a dichas sensaciones.

La siguiente fase será en pareja, se trata de que juntos definan qué es para ustedes placentero y los criterios que les gustaría que su pareja cumpliera, recuerda que entre más elimines la moral será mejor. Ahí ya puedes comenzar a contemplar metas como el tiempo, el número de orgasmos –o hasta si prefieres la ausencia de éstos- y las prácticas sexuales, no como un deber sino como algo que ambos realizan en pareja por gusto, como un proyecto. Hagan una planeación de cómo, cuándo y dónde lo harán de modo que comiencen a satisfacer tales peticiones. Para lograrlo es bueno ponerse pequeñas metas que van incrementando poco a poco, pues los cambios no serán inmediatos y serán graduales, esto quiere decir que no tienes que avanzar hasta que estés seguro(a) de que la meta anterior ha sido alcanzada satisfactoriamente.

Retomando nuevamente la interacción entre ambos miembros, es importante que haya reconocimiento por parte de ambos cada vez que se ha alcanzado una de esas pequeñas metas. Puedes hacerlo de muchas maneras, lo importante es que la/lo hagas sentir capaz y especial. Parte de esto tiene que ver con la comunicación, es importante que esta se incremente y sea muy buena, siempre platica sobre cómo te sientes, los avances que han tenido, que cosas han podido identificar y de qué forma las podrían cambiar. En caso de que comiences a ver cambios y nuevamente retrocedas inicia de nuevo y reformula lo que haces, identifica en qué están fallando.

Si no tienes pareja tampoco importa, el mismo proceso lo puedes hacer mediante la auto-estimulación.

Espero esta pequeña guía te haya sido de utilidad y de interés. No olvides que sólo tiene el fin de orientar, lo mejor es acudir con el psicólogo quien te podrá explicar de mejor manera y agilizará el proceso. Por el momento es todo. Si te gustó comparte este contenido con tus amigos de las redes sociales.

Referencias

Buela-Casal, G. y Caballo, V. (1991). Manual de Psicología Clínica Aplicada. Madrid: Siglo XXI.

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Sobre disfunciones sexuales y cómo modificarlas

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“Dos seres de sexo diferente, que el instinto del placer los acerca, deben, pues, entregarse a gozar del placer en toda la extensión de que sean capaces, buscando la forma de hacerlo más intenso y mejor, y reírse de lo que se llama las consecuencias, porque estas consecuencias no son en absoluto necesarias.”

Marqués de Sade

Los problemas sexuales son situaciones muy comunes en las relaciones de pareja, sobre todo   por  el   cansancio,   estrés  y  preocupaciones  con  que  nos  podemos  encontrar diariamente.  Tales  problemas pueden generar un intenso malestar y frustración en quien los experimenta, ocasionando dificultades a nivel individual, de pareja y hasta en otras áreas de la vida diaria. Aunque el tema es muy diverso a continuación se dará un poco de la concepción que tiene la psicología al respecto.

Lo primero es comprender que la sexualidad no es únicamente la acción del coito, tras ella hay cientas de creencias, comportamientos asociados –desde una mirada hasta el modo de acariciar- y muchas particularidades, por ejemplo las preferencias, gustos y hasta algunas supersticiones y rituales personales. Como puedes ver, el sexo se compone de más actos que únicamente penetrar y tener orgasmos. La complejidad del acto sexual es tal, que existen muchísimas causas al momento de adquirir algún tipo de disfunción, situación que nos puede llevar a pensar miles de cosas, a afectar el autoestima  y a generar consecuencias emocionales fuertes de tristeza o ansiedad.

Aunque a nivel orgánico las disfunciones sexuales en hombres y mujeres tienen una base biológica diferente, en cuanto a lo psicológico hay muchas similitudes. Por ello, tenemos los suficientes fundamentos para proceder en ambos casos. Para abordar el tema hay que tomar en cuenta las tres vías por las que lo psicológico se manifiesta, es decir, lo que pensamos, lo que hacemos y lo que a nivel orgánico sucede.  En ésta ocasión nos enfocaremos sólo en la primera de éstas.

El primer paso será descartar alguna afección física que imposibilite el acto, por ejemplo, la disfunción eréctil está asociada a problemas vasculares. Por ello, si tomarás en cuenta algunas de las sugerencias aquí expresadas es mejor que primero consultes a un médico.

Si ya te han dicho que, por ahí, no tienes ningún problema médico aparente lo mejor será que te pongas a leer e investigar sobre el tema. Lo ideal es tomar en cuenta artículos serios o revistas de divulgación científica, entre más clara tengas la información será mejor. Y no es por demeritar los consejos que algún amigo o compañero pueda darte, pon atención, porque aquí inicia el verdadero análisis psicológico.

Ten en cuenta que el modo en que pensamos va a determinar cómo nos sentimos, muchos de nuestros actos y cómo percibiremos la situación. Por siglos la sexualidad ha estado cargada de moral, valoraciones y creencias que han delimitado qué tanto se permite sentir, en qué condiciones y de qué forma. Aún en estos días hemos aprendido mitos que tienen que ver con el tamaño del pene, la duración del coito, la enorme valoración del orgasmo y las proporciones que se imponen al cuerpo femenino. Todas estas creencias no hacen más que atormentarnos y generarnos sentimientos y emociones que inhiben la erección, dificultan la lubricación y dilatación  vaginal o facilitan eyaculaciones espontáneas. Por ello, hacer caso a lo que un amigo te dice puede agrandar el problema, pues de ahí puedes validar creencias erróneas, mal interpretar algunas  situaciones y así causarte mayor desesperación o inseguridad.

Para solucionar los mitos en torno al sexo, lo mejor será que lo veas como algo flexible, sin reglas, límites o anormalidades. Algunos autores dicen que lo mejor es modificar las exigencias propias, es decir, dejar de preocuparte en exceso por la satisfacción que estás dando; eliminar las exigencias a los demás o, en otras palabras, no condenar a los demás si no cumplen tus criterios o te tratan como crees que deben hacerlo y; dejar de lado las creencias de tipo normativo al respecto, es decir, no hay una sola forma de conseguir el placer, ni con ciertas proporciones, ni parámetros de tiempo, ni nada. Tú decides. Sólo modificando los pensamientos de éste tipo podrás olvidar el sentirte nerviosa (o) o frustrada (o).

Si has notado que recurres a este tipo de pensamientos comienza por cambiarlos. Puedes recurrir al siguiente experimento perverso. Escribe en un cuaderno el ideal de cómo sería la mejor noche de tu vida sexual con los siguientes aspectos:

  • Contempla el contexto en general: la hora, el lugar, el clima, si existiese alguna situación en específico, qué papel desempeñarías en tal, etc;
  • ahora, describe a tu pareja: su color de piel, proporciones, cabello, color de ojos;
  • has una secuencia de lo que harías si estuvieras ahí: de qué modo te acercarías a él/ella, de qué hablarían, cómo se desnudarían, las posiciones que te gustaría hacer, en fin, todo lo que te gustaría;
  • por último, describe los criterios del acto: el tiempo y el número de orgasmos, por ejemplo.

Ahora haz un intento por conocer el punto de vista que tienen otras personas sobre tu propio ideal. Puedes hacerlo en algún blog anónimo o con un grupo de amigos con quienes te sientas en confianza. Si mi hipótesis no falla, nadie coincidirá totalmente con lo que tú deseas, es decir, alguien preferirá a una pareja con características diferentes, otro lugar u otra situación. A partir de ahí sería bueno que te preguntes el porqué de querer relacionarte conforme a lo que te han hecho creer y no como tú y tu pareja quisieran, por qué tendrías que cumplir los criterios que el sentido común te dice y no los que elabores tú de forma racional, por qué si a nadie le gusta lo mismo que a ti tendrías que comportarte como crees que lo hacen todos. Entre más te cuestiones sobre el tema mejores resultados tendrás y más cómodo te sentirás con tu pareja. Lo importante es que te des cuenta que muchas de las imposiciones en torno al sexo no tienen razón de ser y aun así son aceptadas.

Aunque cambiar la manera en que percibes las relaciones sexuales puede ser un gran paso, no es lo único que compone a una deficiencia sexual. También hay mucho por hacer con respecto a las acciones que se realizan antes, durante y después del acto y con la manera en que tu organismo asocia cada situación. Sin embargo,  por el momento es todo, pero en el siguiente blog tocaré estos temas.

Espero te haya gustado la información. Si te gusto o te fue de utilidad no dudes en compartirlo, recuerda que también puedes hacer preguntas al respecto.

Referencias

Buela-Casal, G. y Caballo, V. Manual de Psicología Clínica Aplicada. Madrid: Siglo XXI

Francesc, S. (2008). Una aproximación racional-emotiva a los problemas sexuales. Revista de Toxicomanías, 58, 25-28

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La diabetes en consulta psicológica

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La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto aprendizaje crucial en la vida diaria.

Daniel Goleman

Actualmente decir que alguien es diabético no causa gran impresión en quien escucha la noticia, parece como si fuera un requisito de la edad adulta o una situación que es de esperarse. La enfermedad se ha hecho un problema de salud a tal grado que desde el 2005 se considera la primera causa de muerte en el país.

Por otro lado, quien ha sido diagnosticado con diabetes encontrará que su vida tendrá ciertas modificaciones que de no ser puestas en marcha podrían tener consecuencias mortales. Las principales recomendaciones  médicas se refieren a la moderación y modificación de la dieta y a la realización de actividades físicas tales como correr o demás ejercicios aeróbicos. A simple vista cuidarse suena simple, pero miremos al mundo desde el lugar de alguien que ya ha sido diagnosticado y a quien el médico firmemente ya le ha dado tales indicaciones.

Imaginemos salir del centro de salud tras la noticia de que se tiene una nueva enfermedad que nos acompañará el resto de nuestros días y con la advertencia de riesgos como perder la vista o la amputación de alguna de las extremidades. Además de esto, tener que despedir muchos de los hábitos que tanto se disfrutaban, como beber refresco después de la comida, mirar televisión mucho tiempo por la tarde o tomar una cerveza los viernes en la noche . Eso debe dar como resultado una sensación de tristeza, frustración y estrés que hagan más complicado recibir la noticia. Pero eso no es todo, imagina que vas camino a tu casa y encuentras en el camino puestos ambulantes con cientos de dulces y refrescos, te topas con una taquería que huele de lo mejor, en el camión un vendedor pone en tu mano una bolsita con galletas y al llegar a tu casa tu familia te recibe con la siguiente noticia “¡Ya va a empezar el partido! Compramos gorditas y cerveza para la comida”. Debe ser una experiencia complicada.

Como ya se notó, que una persona enferme de diabetes no sólo tiene que ver con lo orgánico,  otro factor importante es el ambiente que la rodea y cómo la persona se relaciona con éste. Ahí es donde la intervención psicológica entra en acción, en ésta la principal premisa será adquirir comportamientos y formas de pensar que favorezcan la mejoría orgánica.

Si ya has recibido un diagnóstico de diabetes (principalmente de tipo 2) o deseas adquirir un comportamiento de tipo preventivo, pero no sabes por dónde empezar, puedes comenzar con estos pasos.

Primeramente tienes que mantener a tus pensamientos en calma. Recuérdalo, la manera en que piensas determinará cómo te sientes emocionalmente, por ello que estés triste o ansioso dependerá más de ti que de lo que realmente está pasando (Si tienes dudas al respecto puedes visitar otro de mis artículos llamado “Pensamientos que enferman y su liberación”). Además adoptar una actitud activa te servirá de mucho, es decir, en lugar de culparte o lamentarte puedes pensar en qué medidas tomar, a dónde acudir y de qué manera realizar todo esto.

Otra de las principales recomendaciones es conocer todo acerca de la enfermedad, tanto su explicación biológica como las medidas a tomar, el fin de éstas, qué hacer ante diferentes situaciones, procedimientos de autocuidado y principalmente identificar qué acciones empeoran la enfermedad y qué acciones disminuyen las probabilidades de que se complique. Con esta información estarás más capacitado para tomar decisiones y conocer la manera de proceder ante determinadas situaciones.

Lo que procederá, ahora que has identificado qué comportamientos te benefician, será identificar y/o registrar las situaciones que facilitan que recurras a comportamientos poco benéficos y comenzar a modificarlos. Por ejemplo, si has identificado que durante la hora de comida en tu casa prenden la televisión para ver específicamente un programa y la duración de éste es el mismo tiempo que te la pasas comiendo, tal vez puedas cambiar la situación poniéndote un tiempo límite para terminar tu comida. En este mismo ejemplo tal vez la posición de ciertos objetos (por ejemplo la ubicación del refresco en la mesa) los hace más accesibles y antojadizos, esta situación podría ser modificada acordando con tu familia que puedan ser cambiados a un lugar que no te sea tan accesible. Y para terminar, ciertas situaciones, por ejemplo que te mantengas sentado por algún tiempo después de comer   pueden favorecer que te dé sueño y evites así hacer ejercicio, por ello debes poner atención en qué haces y cómo para poder cambiar una cosa por otra. Aunque el ejemplo anterior es muy simple muchas veces pasa, lo importante es que verdaderamente hagas un análisis de lo que hace que te comportes poco saludable.

Para dar solución a los problemas que con todos estos cambios pueden surgir puedes aplicar la siguiente técnica, consiste en analizar el problema y pensar en diez o más soluciones que le puedas dar. Lo siguiente es escoger una de ellas y ponerla en marcha, en caso de que no funcione escoger otra y seguir así hasta que alguna dé el resultado esperado. Lo importante es que seas muy creativo al momento de dar solución a cada uno de tus problemas.

Por último, será bueno evaluar los resultados de tus acciones. Aquí puedes acudir a una consulta con tu médico o simplemente contrastar cómo te sentías anteriormente y los cambios que has logrado. Esto te ayudará a motivarte a seguir y a que veas que tu esfuerzo da buen resultado, o por el contrario a detenerte nuevamente a analizar qué situaciones podrías cambiar.

Estas son solamente algunas recomendaciones que puedes seguir, sin embargo, no son la solución a tu problema, no olvides que siempre puedes consultar a un especialista. En caso de que estas recomendaciones no sean suficientes puedes acudir con el psicólogo.

Por el momento me despido, recuerda que eres libre de comentar, hacer preguntas o sugerencias al respecto. En caso de que este tema te haya interesado también puedes revisar otros de mis otros post. ¡Saludos!

Referencias

Pineda, N., Bermúdez, V., Cano, C., Mbard, M., Mengual, E., Medina, M., Leal, E., Martínez, Y. Y Cano, R. (2004). Aspectos psicológicos y personales en el manejo de la Diabetes Mellitus. Archivos Venezolanos de Farmacología y Terapéuica, 23.

Rodríguez, M. y García, J. (2011). El modelo psicológico de la salud y la Diabetes. Revista Electrónica de Piscología Iztacala, 14, 210-222

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Viví un acontecimiento traumático ¿Lo podré superar?

“El hombre se descubre cuando se mide contra un obstáculo”

Antoine de Saint-Exupery

“Una crisis es un suceso inesperado e infrecuente, impactante y/o destructivo que provoca la pérdida de vidas humanas, de la propiedad, de objetos personales o que, sin producir este tipo de daño, genera un empeoramiento destacable de la calidad de vida de las personas afectadas.”

Todo ser humano experimenta crisis a lo largo de su vida, estos sucesos impactan y moldean actitudes, creencias y reacciones ante eventos posteriores. Éstas se clasifican en crisis cotidianas y crisis masivas; las primeras afectan a un reducido número de personas, ej. una familia, y no ponen en riesgo los recursos de la comunidad, como sufrir un accidente automovilístico o la muerte de un ser querido; por otro lado, las crisis masivas afectan a una o varias comunidades enteras y comprometen sus recursos, ejemplos de éstas son desastres naturales o atentados terroristas.

Paralelo al evento traumático, cuando se experimenta una pérdida se inicia un proceso de duelo, sobre el cual puedes aprender un poco aquí. Posterior a todo suceso traumático, se distinguen cuatro etapas:

Dependiendo de la naturaleza del acontecimiento y de la persona será la reacción que se tenga. Algunos de los principales síntomas que se pueden tener son irritabilidad, reexperimentación del evento por medio de sueños, pensamientos o imágenes recurrentes, aislamiento, apatía, falta o incremento de apetito/sueño, disminución en la concentración y/o memoria, cansancio, entre otros. Todos estos síntomas son completamente normales, pues forman parte de la respuesta adaptativa al estrés agudo y ansiedad, además su intensidad disminuirá conforme pasa el tiempo. Todo esto depende de la gestión que el individuo haga de sí mismo posterior al evento traumático. Si estos síntomas persisten después de un mes se recomienda asistir al médico, puesto que pueden desarrollar un  carácter más crónico, lo cual  se conoce como trastorno de estrés post traumático.

Hay pautas de autocuidado sencillas que el individuo puede llevar a cabo fácilmente y le ayudarán a gestionar de mejor manera su evolución posterior al suceso, es importante intentarlas en la medida de lo posible, sin forzar situaciones.

  • El contacto con los familiares y seres queridos proporciona un apoyo invaluable, pues reconforta y brinda seguridad a la persona, además de un espacio donde pueda conversar sobre lo que le sucede.
  • Retornar poco a poco a la rutina diaria puede ser difícil, pero ayuda a la persona a centrarse en el presente y tener en cuenta que pese a todo la vida sigue y tiene un futuro por delante.
  • Intentar comer y dormir adecuadamente es un punto importante porque nuestro cuerpo se encuentra en esos momentos bajo considerable estrés y es necesario reponer energía, para lo cual también ayuda tomar reposo.
  • Asimismo, mantener una higiene adecuada garantiza mantener un autoconcepto positivo y recuerda a la persona que es capaz de seguir en pie.
  • La actividad física y el contacto con la naturaleza se pueden conjugar para despejar al individuo del estrés en un espacio relajado.

Recuerda que toda crisis pone en acción nuestros recursos personales, estrategias de afrontamiento y redes de apoyo social, por lo que, si se afrontan de manera adecuada, también representan una oportunidad de crecimiento personal.

Referencias

Álvarez, A. (2015). Trastorno por Estrés Agudo (TEA) y Trastorno por Estrés Post-Traumático (TEPT) [presentación PowerPoint].

Álvarez, A. (2015). Patrones básicos de reacción en adultos tras los incidentes críticos [presentación PowerPoint].

Espero que el post te sea útil y haya sido de tu agrado. Te recuerdo que cada semana contribuyo con artículos sobre ansiedad. Si deseas contactarme mi dirección de correo electrónico es: rdgmurguia@gmail.com

Psic. Rodrigo Murguía

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Pensamientos que enferman y su liberación

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 “Nuestro modo de pensar determina, en gran medida, si alcanzamos nuestros objetivos y disfrutaremos de la vida o incluso si sobrevivimos”

Aaron Beck


Si has estado enfermo o en cama por largo tiempo en algún momento de tu vida sabrás que estar lejos de las personas que quieres, sentirte débil o no realizar las actividades que a ti te gustan puede hacer que esta situación parezca el peor momento de todos. A la par, los síntomas físicos –dolor, cansancio, malestar, etc- no son muy alentadores e impiden que nos mantengamos con el mejor estado de ánimo posible. En ocasiones la percepción de que todo va mal y nunca podrás salir de esta situación es una mala herramienta si lo que se busca es mejorar.

Si bien, en otras ocasiones ya se ha acordado la manera en que lo que pensamos y hacemos tiene un efecto directo en mecanismos fisiológicos como el ritmo cardiaco, presión sanguínea, sistema inmunológico y hasta en el desarrollo de algunas enfermedades, hace falta profundizar y puntualizar. En esta ocasión hablaremos del efecto que tiene pensar nuestro propio estado de salud.

En ocasiones, hablar sobre el pensamiento y la salud se ve como algo metafísico o ligado a prácticas poco comprobables, pero no es así. Simplemente se trata de lograr que cada persona identifique lo que, sin querer, piensa sobre sí misma, los demás, sus planes a futuro y sobre la propia enfermedad.  Si los pensamientos se adaptan de manera funcional a la situación, la persona probablemente se encuentre motivada, con una actitud positiva hacia los procedimientos y el seguimiento de las indicaciones médicas. Por el contrario, si la persona se espera lo peor, se siente frustrada por estar enferma, piensa constantemente en que todo es malo o considera que eso no debía pasarle las cosas se tornarán complicadas.

Por ilustrarlo de una forma se puede aludir a un círculo vicioso, en donde la enfermedad genera reacciones displacenteras  para la persona, situación que le facilita el ponerse pesimista o poco cooperadora con el tratamiento y recomendaciones del médico o psicólogo. Bajo las creencias negativas que sustentan la percepción de abatimiento habrá comportamientos que no faciliten la mejora, provocando así nuevamente el aumento o mantenimiento de los síntomas y situaciones poco agradables.

Para lograr identificar y así poder cambiar este tipo de pensamientos primero hay que definirlos. En este caso sólo tomaré en cuenta los más importantes pero, si te interesa, puedes consultar los demás en las referencias.  Fueron formulados por un importante psicólogo de apellido Beck y son los siguientes:

  • Sacar conclusiones precipitadas: Que se refiere a llegar a conclusiones específicas con poca evidencia. Por ejemplo: Ante un dolor o situación anormal que se ha mantenido constante creer que “seguro es cáncer”, que “estás muy enfermo” o “que te van a operar”.
  • Pensamiento absolutista o dicotómico: Creencia que tiene que ver con mirar las situaciones como “todo” o “nada”. Por ejemplo: Ante la enfermedad creer que “todo está mal”, que “nada te ayudará a mejorar” o que “todo se pone difícil”.
  • Deberes o imperativos: Autoimposiciones generalmente no realistas. En ocasiones creencias relacionadas al sexo o posición social se reflejan es este tipo de pensamientos: Por ejemplo: “Aunque me sienta mal, yo no debo pedirle ayuda a mis hijos, ellos siempre me han visto como el padre fuerte”, “una madre se debe aguantar los dolores y seguir haciendo sus cosas” o “los hombres no tienen miedo, se aguantan”.
  • Lectura de pensamiento: Se cree poder saber lo que el otro piensa sin comprobarlo. Por ejemplo: “Si comienzo a hacer ejercicio seguro los del parque se burlarán de mí”, “seguro los demás creen que no voy a salir de ésta” o “los demás sienten lástima por mí”.

Ahora que ya conoces algunos de los pensamientos que provocan un retardo en la mejoría física, lo siguiente será identificarlos y cambiarlos. Para identificarlos tienes que comenzar a poner mucha atención a lo que piensas en todas las situaciones, entre más al tanto de tus pensamientos te mantengas más fácil podrás identificarlos posteriormente. Un tip muy útil es que cuando tengas una emoción muy constante, por ejemplo tristeza, desesperación, angustia o enojo te detengas en todo lo que estás haciendo, respires por unos segundos y comiences a recordar lo que estabas pensando. Lo anterior porque existe una fuerte relación en cómo te sientes y cómo piensas. Además te puedes apoyar en registros o diarios para identificar los pensamientos y al tipo que pertenecen.

Para lograr cambiarlos puedes centrarte en otras alternativas de pensamiento, por ejemplo sustituirlos por algo más positivo o hacer pequeños experimentos que validen o invaliden lo que dices, por ejemplo, preguntar si lo que piensas es cierto, buscar evidencia empírica o simplemente reflexionar si lo que piensas tiene alguna base o es una simple inferencia. Pero ojo, si te sigues sintiendo triste o enojado lo mejor será ir con un especialista que te oriente.

Por el momento hemos terminado. Si este blog ha sido de utilidad o de interés para ti recomiéndalo a las personas que creas también les gustará. No olvides que puedes hacer comentarios o preguntas.

Referencias

Figueroa, G. (2002). La terapia cognitiva en el tratamiento de la depresión mayor. Revista Chilena de Neuro-psiquiatría, 40.

Landa-Ramírez, E.,   Greer, J., Vite-Sierra, A., Sánchez-Román, S. y  Riveros-Rosas, A. (2014). Descripción de la terapia cognitivo-conductual para la ansiedad en pacientes con cáncer terminal. Psicooncología, 11, 151-162.

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Tuve un ataque de pánico ¿Qué está pasando conmigo?

Como todos los días, te encuentras viajando en el transporte público, camino a tu trabajo. Estás listo para iniciar un nuevo día, lleno de energía y con planes sobre las tareas que llevarás a cabo. Inesperadamente, comienzas a sentirte agobiado y agitado, tienes dificultad para respirar y tienes la sensación que tu corazón late tan intensamente que va a salir de tu pecho. La realidad, pesa, te sientes ajeno a ella y parece como si no tuvieras control de tu cuerpo. Comienzas a sentir la ansiedad que se desborda y surgen muchas dudas en tu cabeza ¿Qué me está pasando? ¿Me voy a morir? ¿Cómo hago para que esto se detenga? Intentas calmarte, pero esto sólo hace que las cosas empeoren…

Los ataques de pánico o crisis de angustia son episodios súbitos de ansiedad aguda y miedo irracional generalmente acompañados por dificultad para respirar e incremento en el ritmo cardíaco. Además, el individuo realiza intentos desesperados por calmarse, los cuales sólo logran que la situación empeore, pues resultan inútiles. Es importante mencionar que los ataques de pánico no se deben a una condición médica, como podría ser una afección cardíaca o respiratoria, aunque puede ser confundido con alguna de éstas, por lo que es importante realizar un examen médico.

Quien los sufre suele pensar que se está volviendo loco o que va a morir, lo cual es falso. Suceden de manera espontánea, sin aviso alguno, por lo que no se trata de una respuesta a algún estímulo o circunstancia ambiental. Vivir con ataques de pánico es altamente estresante, ya que no se sabe en qué momento se puedan suscitar, por lo que quién los padece además de tener que lidiar con ellos, vive con un miedo profundo ante la incertidumbre de no saber en qué momento se va a presentar uno. Adicionalmente, esto puede llevar a la persona a retraerse de su vida social y recreativa por vergüenza y/o miedo, lo cual sume a la persona en una situación aún más desesperanzada. De esta manera, se puede ver cómo la persona entra en un “círculo vicioso” en el que los ataques de pánico la llevan a aislarse y renunciar al contacto social, el cual es altamente beneficioso, haciendo que el individuo se suma aún más en la problemática.

Sin embargo, pese a que las causas que originan de los trastornos de pánico son desconocidas, existen tratamientos altamente efectivos para tratarlos. Es importante acudir con un especialista, como lo es un médico, que podrá descartar una condición física, así como con un psicólogo, quien determine un tratamiento de acuerdo con tus necesidades. Si el problema no se trata, pueden desencadenarse situaciones más serias adicionales a esto, como un trastorno de agorafobia, el cual consiste en un retraimiento severo de la vida social por temor a encontrarse en situaciones peligrosas o humillantes, por lo cual es importante acudir con un especialista a la menor brevedad posible.

Referencias

Noemí Guillamón (2008). Clínica de la Ansiedad. Psicólogos en Barcelona y Madrid. Especialistas en el tratamiento de la ansiedad.

Espero que el post te sea útil y haya sido de tu agrado. Te recuerdo que cada semana contribuyo con artículos sobre ansiedad. Si deseas contactarme mi dirección de correo electrónico es: rdgmurguia@gmail.com

Psic. Rodrigo Murguía

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Para ser saludable hay que comportarse saludable

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“El coste de provocarse sentimientos de pánico, ira o autocompasión es enorme. En tiempo y dinero perdidos. En esfuerzo malgastado innecesariamente. En angustia mental fuera de lugar. En el sabotaje de la felicidad de los demás. En el estúpido desperdicio de placer potencial a lo largo de la única vida -sí, la única vida- que tendrá jamás”.                      

 Albert Ellis

Ahora que sabemos que no existe una distinción real entre nuestra unidad orgánica y la psicológica podemos proceder en nuestra compresión de la psicología de la salud.

La salud se concibe como un bienestar físico, psicológico y social, no sólo se refiere a la falta de malestar en alguna parte de nuestro cuerpo o a una ausencia de enfermedad. La definición anterior nos permite ver que existe mucho más de lo que se puede ver a simple vista en una persona, existe un ser social y existe un ser que piensa y siente.

Y, ¿cómo se refleja esto en la psicología? Ante esto puedo decir que siempre, por cada problema de salud, existe una parte psicológica que se manifiesta de diferentes maneras. Se dice que existen tres medios por los cuales lo psicológico se expresa; lo que haces, lo que piensas y lo que a nivel fisiológico sucede cada que haces y piensas algo. Para ilustrar lo anterior se puede poner un ejemplo: Imagina que para el día de mañana tienes un examen de matemáticas del que no estabas enterado y a las 11 de la noche tu mejor amigo (a) te informa de ello. Ese es el hecho concreto, lo que procede es la manera en cómo tú interpretas el hecho. Imaginemos que, como a mí, las matemáticas te intimidan,  podría ser que pienses  que como no has estudiado seguro reprobarás, tal vez tus padres te regañen al ver tu mala nota o hasta repruebes el año en la materia. Estos pensamientos son únicamente una parte de lo psicológico, a la par, puede que te muerdas las uñas, que camines de un lado a otro o que tengas una expresión de angustia, estas son las acciones que realizas. Junto con todo lo anterior, existe una sensación que no es nada agradable, puede ser estrés o ansiedad, aquí inicia lo fisiológico. Con cualquiera de las dos emociones es común encontrar aumento en la frecuencia e intensidad de los latidos del corazón, la presión sanguínea y una sensación de alerta en todo el cuerpo.

El anterior ejemplo muestra cómo las tres partes interactúan ante un evento. Tras cada pensamiento siempre hay una acción y tras cada acción siempre hay un pensamiento y, en ambas situaciones siempre estarán presentes  los procesos fisiológicos, orgánicos. Con esta interrelación se inicia la comprensión de lo psicológico en la salud. Tal vez el ejemplo anterior es muy cotidiano y simple, pero imagina que este mismo proceso aumenta de intensidad y es muy constante, ¿en qué momento te recuperarías de la situación?, ¿es normal estar todo el tiempo estresado?

Algunos estudios mencionan que las repercusiones podrían ser las siguientes: el estrés se encuentra asociado con múltiples enfermedades de las que todos queremos huir, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, cardiopatías y algunos tipos de cáncer. Yo creo que esto nadie se lo esperaba. Resulta que la interacción entre condiciones médicas, hereditarias y psicológicas favorece que ciertas enfermedades se adquieran dependiendo de la persona. Por ello, la salud se debe contemplar como una unión de lo psicológico, lo orgánico y lo social.

Se puede concluir que mantenerse saludable va más allá de tomar medicamentos y hacer ejercicio, tiene que ver con cómo se toma uno la vida y lo que en ella se presenta. Tal vez la tarea suena simple pero no siempre es así pues la expresión es muy ambigua. Poco a poco iremos ahondando en situaciones específicas. Si te interesa saber cuáles son los efectos de los pensamientos en la salud te recomiendo el siguiente post, o si por el contrario, sientes que algunas cosas no han quedado claras puedes visitar mi post anterior “El organismo psicológico” o realizar alguna pregunta por aquí. Espero verte pronto en los siguientes post.

Alcántara, G. La definición de salud de la Organización Mundial de la Salud y la interdisciplinariedad. Sapiens. Revista Universitaria de Investigación, 9, 93-107.

Pilar, M. y Galán, S. (2010). El papel del estrés y el aprendizaje de las enfermedades crónicas: Hipertensión arterial y Diabetes. Revista Latinoamericana de Medicina Conductual, 1, 47-55.

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